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Bienvenidas las Marchas

Por Carlos Enrigue ZULOAGA

Pues me encontré esta semana con un amable lector que me recordó que hace tiempo propuse otro sistema electoral, del que yo la verdad no me acordaba. Era bastante democrático, ya que era un sorteo en que su credencial para votar tenía el número que se sorteaba y podía ganar desde regidor en San Juan de las pelonas hasta presidente de la república, pasando por la innumerable cantidad de puestos de elección popular. Democrático sí era, elegido por el destino para gozar los jugosos emolumentos y créame, puedo asegurarle que sea cual sea el cargo que obtenga en la mega rifa, no lo vamos hacer más mal de lo que lo han hecho, sin excepciones, desde Cuitlahuac hasta la fecha, periodo durante el cual ha habido menos malos, muy malos y peores, pero no puedo recordar, por más que lo intento, uno bueno. Pero es curioso, una gran mayoría de los que un día gozaron de un hueso y de los gozos del poder, creen que los súbditos que tuvieron en aquel tiempo los recuerdan en la misma medida que ellos recuerdan sus ingresos. Pero no es así. Desde luego que si usted gobernó hace más de seis años, es muy posible que ya no lo recuerden, sorry y es que la naturaleza humana es muy sabía y ante tan malos gobiernos, nos cubrió dándonos una memoria muy corta, así por muy malos que hayan sido, al poco tiempo ya se nos olvidó.

El olvido es aprovechado por los candidatos que actualmente nos ofrecen sus desinteresados servicios y las campañas son tan largas que enfadan hasta a los que les gustan y así descubrimos que los políticos no son necesariamente lo más malo.

De las variaciones que más me gustan, son las marchas que se han popularizado, las hay de todos tamaños y tendencias. Es impresionante que en las fotografías de las manifestaciones los participantes tienen el rostro iluminado y lo mismo da si es peregrinación a Talpa o una en pro o en contra del gobierno.

No entiendo la razón que nadie pueda tener de intentar limitar en ninguna forma la libertad de expresión o el derecho de manifestarse. Es más, de todos los derechos fundamentales, estos son para el estado los más fáciles de cumplir, cuando menos hasta el momento, de respetar a los que marchan y escuchar sus legítimas peticiones. Hasta ahí no veo dificultad. Ya el cumplimiento de las peticiones la solución dependerá de la razonabilidad y de otros factores como la factibilidad económica de lo que se pida.

Pero, aun suponiendo que no se pueda complacer la petición, es una posibilidad única para que el gobernante, tan dado a la soberbia y a no escuchar, escuche. No es sencillo. A todos nos gusta opinar pero los que escuchan son los que deben entender las necesidades es por ello que creo que no hay ninguna razón que autorice a ninguna autoridad a limitar o tratar de regular estos derechos.

 

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