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Bendiciones Maternales

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Entre el medio millón de cosas que no entiendo de la modernidad está el hecho de que, en mis ya lejanos años mozos, cuando ibas a salir de fiesta tratabas de ir lo más arreglado que pudieras. Mi abuela solía decir que debíamos salir oliendo a curro y no a pelado, esto es oliendo a limpio. En los tiempos que corren parecería ser lo contrario, el haberse bañado o rasurado parecerían un impedimento para asistir a festejos, saraos y otras gorreadas semejantes, como si la forma adecuada de ir fuera la mugre.

Eso hizo que recordara un día en que mi tío Tolito se preparaba, como debe ser, para asistir a un festejo, Tal y como debe de ser, entre gentes de buenas costumbres, estaba preparándose para bañarse y sopletearse, esto es, quedar bien bañado y rasurado y polveado en talco para oler a limpio.

Su madre lo observaba con cariño, como suelen mirar las madres a sus hijos, como si se tratase de alguna joya perdida en el universo, si se quiere es un defecto materno pero resulta agradable sentirse querido y admirado ya que las madres suelen pensar que las babiecadas que decimos tienen un cierto nivel de inteligencia que deslumbrarán al mundo, aunque no sea así.

Pues Tolito mientras se arreglaba, estaba lleno de sueños sicalípticos, indescriptibles en textos como éste, pensado para niños y adultos, durante el ajuareo del sujeto, su mirada reflejaba lascivia, maldad y deseos carnales injustificables para el buen comportamiento socialmente aceptable. Terminó su arreglo y viéndose en el espejo le pareció bien, aunque hay que decirlo, como casi toda la gente hubiera preferido tener otra cara y otro cuerpo, pero esos cambios de rostro no se dan más que en los cuentos, y uno tiene que andar públicamente con la cara y la humanidad que nos tocó lucir en esta vida y como eso no puede componerse, pues ni modo, con esos bueyes hay que arar.

Ya arreglado y con el entusiasmo que lo caracteriza se preparó a salir a la conquista de féminas; ya les he contado que el tío tiene teorías poco ortodoxas en materia de fe y costumbres y opina que el que peca y reza empata, teoría que por cierto casi nadie apoya.

Pero como buen hijo que era, se dirigió devotamente a recibir la bendición de su madre, que le produciría, según él un halo de virtud, una especie de armadura contra las malas vibras que lo alejaría de víboras prietas y tepocatas y espíritus malignos.

Recibió la bendición al tiempo que su madre lo amonestaba diciendo: Que Dios te bendiga y el velo de la Santísima Trinidad, te cubra con su manto protector, ve y no ofendas ni a Dios, ni al prójimo.

Al oír lo anterior Tolito tuvo un descenso en su entusiasmo y en lugar de salir de parranda se fue a sentar a la sala, considerando que sin ofensa no había diversión.

 

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