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Ayer Decíamos: Qué Barato

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

No cabe duda de que en esta vida todo es relativo: alguien dijo que todo es verdad depende del cristal con que se mira y esto viene a cuento por las declaraciones del gobernados Herbert Taylor acerca del costo que tendrán los festejos de inauguración y clausura de los Juegos Panamericanos y los Parapanamericanos y los que, con un evidente ahorro, según dijo él mismo, de varios milloncejos de devaluados, costarán nada más 23 millones de dólares.

Se impone el grito de Lagrimita de “¡Qué barato!”. Y si llama la atención el festejo por varias causas, si quien lo anuncia tiene mucha lana por ser de la clase gobernante o se da el caso de que puede gastar lo del Gobierno, tendrá razón; mas si el que anuncia los festejos es un miembro del infelizaje militante, digamos un pelado que con sus seis mil pesos mensuales paga colegios particulares, automóvil, pago de hipoteca,  diversiones y algunas veces champagne, a ése se le va a hacer muy caro, porque con esa suma podría vivir 47 mil 916.66 meses o un número igual de sujetos podrían vivir un mes; a ésos se les va a hacer muy caro.

Debo aclarar que a mí se me hace carísimo, porque soy un gordo amargado que en mi larga existencia jamás me ha interesado ver una inauguración ni de Juegos Olímpicos, campeonato mundial o eventos similares y, cuando he sido invitado por la familia a verlos por la tele, mi resistencia lo más que ha durado es como de 30 segundos. Desde luego no deseo convencerlo, si no que explico simplemente las razones de mi valoración; mas supongo que debe haber muchos entusiastas del festejo, aunque yo no los conozca. Por tanto, analicemos algunos escenarios.

 El primero sería considerar que es un gasto adecuado, tomando en cuenta que somos un país rico y que está muy barato; así el señor gobernador dijo, y no tengo base para creer otra cosa, que el Velódromo inglés les salió carísimo a los británicos y a nosotros baratísimo; lo que no dijo el jerarca es que aquí le pagan a un obrero 60 pesotes (según Cordero, 200, pero no le hacemos caso porque es rival para la grande de don Emilio y aquí somos muy tapatíos), en tanto que en la pérfida Albión un obrero ganaría por el mismo trabajo como 800 pesotes; claro que hay alguna diferencia.

 Ahora que, pensando mal, se me ocurre, digo, es un supón, que los espectáculos no necesitan ser licitados y el que contrata tiene palabra de rey, nadie discute la verdad de lo afirmado y nadie investiga, lo que puede llevarnos al viejo dicho que rezaba: “Estando el cajón abierto, el justo peca”, lo que tendrán que reconocer conmigo que es cuando menos posible. O qué opina usted.

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