Home / Colaboradores / Carlos Enrigue Zuloaga / Ayer Decíamos: Leyendo a Pedro Páramo

Ayer Decíamos: Leyendo a Pedro Páramo

 

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Leer a Juan Rulfo es una experiencia perturbadora, sobre todo cuando se lee Pedro Páramo. La primera vez que se intenta produce, en muchos casos, una sensación de encontrarse perdido en una historia de muertos en un sentido muy propio del, a mi juicio, autor cumbre de la literatura mexicana y el texto de su novela es tan profundamente personal y tan regional que considero difícil que alguien que no sea de aquí pueda comprenderlo, aunque es muy posible que esté equivocado y que su universalidad se derive de su singularidad.

 Desde su inicio queda uno atrapado por su poder de concreción. -Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.-  es toda una introducción de la que el lector ya no podrá separarse.

 Resulta difícil extraer pasajes aislados ya que la única forma de hacerlo sería copiando íntegramente el texto, de otra manera uno siente que al narrarlo está disminuyendo en valor de éste. Hay otro fragmento por el que se confirma su concreción hablando con Eduviges Dyada quien lo recibió en Comala: “¿Has oído alguna vez el quejido de un muerto?, me preguntó a mí. – No, doña Eduviges. – Más te vale”

Charlando con un amigo, miembro también de la cofradía de admiradores de san Juan Rulfo me comentaba que él se explica que esa aparente desorganización de muertos que hablan e interactúan se debe a que los muertos no están sujetos al tiempo, y así aparecen en el texto, situación que yo no había considerado y me agradó esa interpretación. El mundo de Rulfo parece ser de una fatalidad que casi no puede ser admitida en nuestro universo tan proclive a la ensoñación del optimismo desenfrenado, que parece cegarnos, hacernos ignorar todo ese mundo de dolor, que ahí está pero que no queremos mirar.

 Por eso la lectura del jalisciense perturba, nos hace salir de nuestra zona de confort al entrar a ese mundo tan real y tan poco visible y que lo hizo decir en boca del cura de Contla: “Vivimos en una tierra en que todo se da, gracias a la Providencia; pero todo se da con acidez. Estamos condenados a ello.”

 No hay por tanto posibilidad alguna de que se modifique esa situación, eso es lo que es como lo afirma Bartolomé San Juan, “Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Éste es uno de esos pueblos, Susana. 

Pocos libros como éste admiten tanta capacidad de lecturas. Cada vez que lo leo percibo nuevas sensaciones y emociones, como el texto que está casi al final que narra:  “ Allá atrás, Pedro Páramo, sentado en su equipal, miró al cortejo que iba hacia el pueblo. Sintió que su mano izquierda, al querer levantarse, caía muerta sobre sus rodillas; pero no hizo caso de eso. Estaba acostumbrado a ver morir cada día alguno de sus pedazos.”

Check Also

¿Para qué Escribir?

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA Me puse a considerar cuál es la causa por la que …

‘La Unidad Popular’

Por Carlos ENRIGUE Yo siempre he creído que los mexicanos no necesitamos que nadie nos …

La Manzana de la Discordia

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA No lo digo por el director de Conade y amigo del …

Las Gestas de Gloria

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA Mienten miserablemente quienes -fuera del congreso porque ahí es la casa …

Me he Estado Acordando

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA Tradicionalmente los jacobinos han establecido que el sacramento de la confesión …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *