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Ayer Decíamos: Informes

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Ayer Decíamos: Informes Hace tiempo los sufridos miembros del infelizaje padecíamos anualmente los informes presidenciales con los que nuestros amados tlatoanis nos recetaban, todo con el pretexto de enterarnos de lo que según ellos habían hecho con los presupuestos nacionales, que, hay que decirlo, no eran tan espectaculares como los actuales, pero que sin embargo garantizaban que la familia ampliada del jerarca pudiera estar económicamente contenta durante las siguientes cinco generaciones.

Enfadosos siempre han sido, pero lo peor es que año tras año se la creían y se llegaron a creer que no nada más era cumplir una obligación constitucional, sino que el pueblo sufriente requería de escucharlos, de sentir su cariño y protección y así, por ser necesario llegó a crearse lo que algunos periodistas llegaron a llamar “El día del Presidente”, en el cual el máximo dirigente era idolatrado por las multitudes que voluntariamente a fuerzas eran azuzados por sus impolutos líderes, los que después de mostrar el amor popular concurrían a los festejos que seguían donde se acudía al famoso besamanos.

Todo esto consta en las crónicas periodísticas de la época ya que al beaamanos no podíamos asistir no por falta de ganas sino porque sencillamente no nos convidaban. Como los más espectaculares recuerdo los de Echeverría que no contento con fletarse con los actos mencionados nos recetaba kilométricos discursos que como extrañamiento podíamos manifestar que no interrumpía ni para hacer del baño y como abono a la conducta social el que enseñó a los miembros de nuestras cámaras a dormirse con los ojos abiertos porque lo cierto es que los informes no interesan ni a los obligados a leerlos.

Han tenido variaciones menores pero siguen siendo muy enfadosos y en ellos la mentira más recurrente es la cantidad de carreteras que se supone fueron construidas que si fuera cierto lo que anunciaron el ellos seríamos el país más bien comunicado del mundo.

Pero no paró ahí la cosa, a imagen y semejanza de la presidencia los gobernadores y alcaldes decidieron hacer los suyos en los que en diferentes niveles, según sus recursos y potestades repetían el acto, lo que puede disculparse en lo elemental, no en el boato, por el mandato de la ley suprema, pero de los excesos nacen las ganas y ahora todo funcionario sin importar su nivel ha decidido imitar el lujo y esplendor y desde luego la exposición mediática de rendir su propio informe; esta semana tuvimos el informe del señor rector de la máxima casa de estudios y consecuentemente del detentador del segundo más alto presupuesto de la entidad y claro que se realizó con el boato correspondiente.

Lo que ya es terrible serán los 132 informes de senadores, 500 de diputados federales titulares, muchos suplentes, 25 mil de regidores, cerca de mil diputados locales, directores de partido, jefes de sector, de grupo y miembros de la sociedad civil la que muchos consideran como aspirantes en reposo a un hueso.

Los gastos que al respecto se realizan son verdaderamente incalculables y no puedo determinar a cuánta gente le puedan interesar.

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