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Ayer Decíamos: Ecos

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Para bien o para mal, terminaron los Juegos y la ciudad vuelve a tomar sus hábitos y sus costumbres. A mí me sucede lo que a muchos que, cuando tienen muchas visitas, exclaman: “Qué bueno que vinieron y qué bueno que se fueron”.

Muchos de los más participativos quedaron extenuados por haberse pasado muchos días al rayo del Sol o viendo demostraciones deportivas que no sé qué tanto entiendan. En la casa de ustedes, que nada más hay una tele, la familia decidió ver una final de clavados: jamás pensé tener parientes tan sabios en ese deporte, todos opinaban sobre cada salto; yo lo vi un rato y ninguna de mis calificaciones coincidió con la de los jueces; así, yo pensaba que había sido un excelente clavado y los jueces lo calificaban pésimo, y al revés.

   Pero de cualquier forma los Juegos fueron un éxito, a juzgar porque se vendieron todos los boletos y las personas con las que hablé, que asistieron, estaban muy complacidas y la prensa dijo que había estado sensacional, por lo que ahora todo el mundo quiere aprovechar el triunfo, que es sabido que tiene mil padres. Desde luego que me permito dudar que el espectáculo lo vieran 200 millones de gentes, como que se me hacen muchos, no sé; yo le pregunto a mi solitario lector cuál fue el último juego panamericano, sin constar éste, que vio en la tele; necesito saberlo, aprender de toda la sabiduría deportiva que demostró la población.

Lo que sí me niego a creer, si usted quiere porque soy sospechosista, fue que no hubo negocios particulares; vamos: se asegura en los medios que ya está hecha la machaca en la privatización de espacios y de la reventa ni hablamos: estaba en manos, entre otros, de los hermanos lejanos, y desde luego todos los niveles de gobierno acusaban a los otros y a lo mejor todos tienen razón.

   Ahora que ninguno que se adorne va a tener otra ocupación que no sea político; no he oído de ningún ciudadano de a pie que acuse o señale y, por tanto, el jugo que le sacarán al asunto será para las campañas. Lo malo del asunto es que no podemos tener certeza de si las acusaciones se hacen por fregar a los contrarios o tienen buenas intenciones. Así, se harán tronantes declaraciones, se presentarán denuncias y el procurador mencionará esa frase sacramental que a mí me gusta tanto: “No nos temblará la mano, se actuará caiga quien caiga, hasta las últimas consecuencias”.  

 Donde es difícil decir que no es en el asunto de las Villas Panamericanas: ahí, desde que dijeron que se construirían en El Bajío, muchísimas personas, sobre todo ecologistas, dijeron que afectaría los mantos freáticos y al parecer tenían razón, con el derrame de agua sucia; no sé qué tanto: unos dicen que son heces fecales y otros que es agua de riego. En fin: ¿a quién creerle?

 Pero, de que muchos lo anunciaron, ni dudarlo. 

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