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Apuntes Sobre El Activista

(Vida e insubordinaciones de José Ángel Gutiérrez. Líder emblemático del Movimiento Chicano en los Estados Unidos)

Por Raúl CABALLERO GARCIA

La vida y las insubordinaciones de José Ángel Gutiérrez, un hombre nacido en el sur de Texas, contribuyeron de manera sustancial a los movimientos políticos que tuvieron lugar en los Estados Unidos con marcada intensidad durante los años sesenta y setenta del siglo pasado.

El trabajo social de Gutiérrez surge con la perspectiva de la comunidad mexicoamericana ninguneada y vapuleada, oprimida y explotada durante varias generaciones desde la independencia de Texas y más marcadamente a partir de que se firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, con el que México pierde una vasta zona de su territorio quedando en los Estados Unidos una nutrida población de mexicanos.

Como se sabe los mexicanos que vivían en el territorio perdido, al principio se negaron a considerarse ajenos a su patria natal; incluso durante la intervención francesa, que ocurre pocos años después, forman grupos de defensa de México contribuyendo con las fuerzas juaristas con notables aportaciones de dinero y cargamentos de armas (a ello se debe que en los Estados Unidos la comunidad mexicana celebra con especial énfasis la fecha del 5 de mayo, cuando Ignacio Zaragoza —de origen texano por cierto— gana la batalla de Puebla al ejército francés).

Texas sigue la tradición anglosajona del racismo y la segregación.

A través del poder político que detentaban los angloamericanos —pero también a la fuerza— durante varias generaciones los mexicoamericanos sufren atropellos legalizados: Cambian escrituras, “compran” sus tierras con engaños, les roban sus propiedades en nombre de la ley. La mayoría de los mexicanos que viven en el nuevo territorio, sufren maltrato y sometimientos —sólo se salva uno que otro hacendado—, los angloamericanos que vienen del norte literalmente llegan a apoderarse de las tierras y al hacerlo arrasan (o procuran hacerlo) con tradiciones, cultura e idioma de los mexicanos quienes, sin embargo, preservan esos elementos de identidad. En fin, ante la andanada de abusos y explotación de parte de los nuevos dueños de esas tierras, entre los mexicoamericanos aflora un resentimiento hacia el gobierno mexicano y en general hacia los mexicanos que siguieron en México. La impotencia produce una especie de orfandad que deviene en escisión cultural, en pérdida de identidad, en dudas y confusión. En otra parte me he ocupado de señalar que la preservación del idioma fue una especie de silencioso movimiento de “resistencia”. Al español lo quisieron sofocar pero sobrevivió, pasó largos periodos de atropellos y ataques, se le quiso silenciar prohibiéndolo y castigando a quienes lo usaban… lo que lograron, ciertamente fue que algunas generaciones de mexicanos aceptaran no usarlo, aunque muchos de sus padres lo usaban en casa o en el barrio. Esa es una de las razones por las que apareció el Spanglish. Luego hubo una reacción, recomenzaron a usar el español y muchos que lo habían abandonado volvieron a aprenderlo. Durante el Movimiento Chicano prevalece un orgullo que nos remite a esa resistencia y a partir de ahí el viejo resentimiento se va matizando hasta volverlo tolerable y en la gran mayoría y en las generaciones siguientes se difumina.

Si bien los afroamericanos dan la pauta a raíz de los discursos y acciones de Malcolm X, Martin Luther King Jr. y Angela Davis, entre otros; los mexicoamericanos se hacen notar sobre todo con César Chávez, Reies López Tijerina, Rodolfo Corky Gonzales… es entonces que surge el Movimiento Chicano, un fenómeno social no del todo explorado y las más de las veces desconocido o subestimado, en todo caso desconsiderado.

Transcurren los años de juventud de Gutiérrez. Éste con un grupo de amigos universitarios forman The Mexican American Youth Organization (MAYO) en San Antonio, Texas; a partir de eso organizan a la juventud del estado de Texas de una manera asombrosa, es un movimiento que prende tan entusiastamente como prendió el movimiento hippie (fenómenos paralelos y entrecruzados), sacuden el status quo de uno de los estados más reacios a los cambios que suceden en esos años en el país y en el mundo, renuevan los principios de la League of United Latin American Citizens (LULAC) —una de las pocas organizaciones de mexicanos que en ese tiempo ya existía—, durante el desarrollo de su activismo son ellos quienes fundan las grandes organizaciones para la defensa de los mexicoamericanos —algunas de las cuales hoy prevalecen— como el Nacional Council of La Raza, el Southwest Voter Registration Education Project o el Mexican American Legal Defense and Education Fund (MALDEF), pero acaso una de las instituciones políticas de mayor relevancia sea el Partido de la Raza Unida (PRU), fundado por Gutiérrez y que cimbrara a la clase política de Texas y otros estados, y cuya existencia y repercusiones han pasado a la historia de manera casi desapercibida.

La obra y acción —las insubordinaciones— de José Ángel Gutiérrez, de hecho, han sido poco valoradas acaso porque se distinguió desde siempre como uno de los más radicales que, con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un compañero incómodo, en un político demasiado audaz para aquellos años en que con la representación del PRU comenzaron ganando en la ciudad natal del propio Gutiérrez, Crystal City, Texas, donde arrasaron en diferentes niveles de gobierno y literalmente echaron a la mayoría anglosajona fuera del cabildo, del distrito escolar y (a muchos) hasta del pueblo. El PRU se extendió por el estado y por otros varios del país donde creció el Movimiento Chicano. Tanto de la existencia de ese partido formado por mexicoamericanos, como de las acciones de Gutiérrez, hoy poco se sabe. Con el partido ocurrió lo mismo que con el de las Panteras Negras o el Youth International Party (YIPPIES) y demás organizaciones políticas formadas por jóvenes radicales en esa época: fue infiltrado por el FBI y otros grupos de gobierno que propiciaron la división primero y la dispersión después, con los consabidos choques y encarcelamientos diversos. Con Gutiérrez ha pasado un poco lo mismo que con Ángela Davis y otros dirigentes y activistas notables luego del golpeteo de políticos ultraconservadores, autoridades y gobierno… se ha replegado en la cátedra, en el dictado de conferencias y en sus escritos. En la actualidad vive en un suburbio de Dallas, Texas, es doctor en Ciencias Políticas y da clases de esa materia en la Universidad de Texas en Arlington; es autor de varios libros sobre sus actividades en el Movimiento Chicano y las de otros prominentes activistas y destacados políticos mexicoamericanos; se distinguió como articulista político en uno de los diarios en español de Texas: Diario La Estrella de Dallas/Fort Worth.

Gutiérrez en los Estados Unidos es conocido tanto entre la clase política como en el ámbito de la academia, su reputación sin duda es la del radical, y por lo general guardan distancia ante él; de hecho he constatado que en determinados círculos (incluso entre los actuales dirigentes de las grandes organizaciones de defensa de los inmigrantes latinos ya mencionadas, tanto como en las diferentes esferas de gobierno) es relegado a un cierto ostracismo. En una ocasión en que su ex esposa Luz Bazán fue invitada por el entonces secretario de Vivienda Henry Cisneros a un evento en la Casa Blanca, durante la Administración Clinton, —“quien merecía la invitación era José Ángel”, me dijo la señora Bazán, “pero Henry le saca la vuelta”, enfatizó— ella presenció cómo Bill Clinton al ver a Gutiérrez en un documental que proyectaron para los asistentes, de inmediato lo ubicó rememorando un reclamo recibido durante un acto de su primer campaña presidencial: “Qué iba yo a hacer por los mexicanos, me espetó a manera de saludo cuando nos presentaron”, recordó el hoy ex presidente. Pero a decir verdad entre una buena parte de la comunidad mexicoamericana, y de manera especial entre muchos estudiantes mexicoamericanos, Gutiérrez es una leyenda viva, se le respeta y muchos le guardan gratitud.

En los Estados Unidos existen diversos grupos antiinmigrantes, están los nuevos, los que han surgido en años recientes con la ola de miedo levantada por los conservadores; y están los de viejo cuño, formados por ex mercenarios, ex miembros del Ku-Klux-Klan y seguidores de racistas radicales como el columnista y locutor metido a político Pat Buchanan, o los conductores de televisión Rush Limbaugh, Lou Dobbs o Bill O’Reilly. Algunos de esos grupos —por su manera de ser, por sus logros, por su activismo, por su pensamiento político— tienen identificado a Gutiérrez como “enemigo”, tan es así que en sus sitios electrónicos en Internet lo exponen como tal, hacen escarnios racistas tachándolo de antipatriota, repudian su trabajo durante el Movimiento Chicano (todavía les cala), rechazan asimismo su defensa de los trabajadores inmigrantes y lo convierten en blanco de ataques.

Pese a todo ello hasta este momento no existía un solo libro dedicado a su persona, tampoco un solo libro —de un autor que no sea él— que enfoque su trabajo político; José Ángel Gutiérrez como abogado, como activista, como intelectual, como catedrático, como escritor, como conferencista, como político aparece citado en cientos de artículos y libros, aparece mencionado en reportajes, en reseñas, en películas documentales pero no hay un trabajo que enfoque enteramente su vida y su acción, este libro es el que estoy proponiendo al lector.

Sobre todo porque Gutiérrez merece atención, es un personaje clave, fundamental en la organización (en Texas y en el país) del Movimiento Chicano; su labor ha sido valiosa en diferentes sentidos tanto para la comunidad mexicoamericana como para la vida nacional estadunidense, pero también porque hoy hace falta una actualización del significado de sus actividades en el contexto del Movimiento Chicano y las luchas que, paralelamente, se dieron durante los más intensos años de sus esfuerzos. Los jóvenes de hoy deben conocer esos esfuerzos, sus logros y sus alcances; asimismo lo deben conocer las nuevas hornadas de inmigrantes que desconocen por completo los antecedentes de la organización política que hoy, al llegar, encuentran en los Estados Unidos. Pero además el gran público —el de los Estados Unidos y el de las otras latitudes de habla hispana— merece saber de esta parte de la historia que, como señalo, ha sido desconsiderada.

Para edificar el futuro es menester conocer el pasado, suelen decir los historiadores. En la actualidad la población inmigrante en los Estados Unidos se ha latinizado, los latinos es la minoría más grande del país, y en ese marco ya no se puede hablar de los segmentos que la caracterizaban en el pasado, es decir, los cubanos en Florida, los puertorriqueños en Nueva York y los mexicanos en Chicago y los estados del suroeste. Al paso de los años se ha dado, primero, la dispersión de los mexicoamericanos a través de las labores agrícolas de los trabajadores migrantes por todo el territorio estadunidense, puesto que eran generaciones que viajaban desde los estados del suroeste a las distintas regiones del país donde se requería su mano de obra en los campos agrícolas; esos migrantes solían volver a sus lugares de origen hasta que comenzaron a quedarse en los sitios donde se les requería por temporadas, encontrando otras labores el resto del año; luego fueron llegando las nuevas olas de mexicanos y latinoamericanos que, con un sostenido flujo migratorio, han terminado por inundar esas regiones. Últimamente las políticas antiinmigrantes, principalmente contra los mexicanos, en algunas ciudades de esas zonas han impulsado a muchos latinos a desplazarse a otras ciudades en las que su presencia comienza a figurar en los perfiles poblacionales con un marcado crecimiento. Se ha consolidado su presencia, pese a quienes en los Estados Unidos no los quieren; su trabajo es invaluable en el desarrollo de este país, pese a que se mantiene una resistencia a su reconocimiento; su organización política o acaso deba decir su disposición a una organización política quedó de manifiesto en las multitudinarias marchas en las calles de Chicago, Los Ángeles, Dallas y otras ciudades que se dieron entre marzo y mayo del 2006 en respuesta —virtualmente espontánea— a una ley antiinmigrante propuesta por un legislador republicano ultraconservador llamado James Sensenbrenner, con la que se criminalizaba a los trabajadores inmigrantes indocumentados, entre otras medidas en su contra. Esas grandes marchas —nutridas, cada una de las tres mayores, por más de medio millón de personas— también dejaron de manifiesto que la comunidad latina en los Estados Unidos no cuenta con un líder nacional y, aunque ha sido un hecho poco comentado, sorprendieron a un anquilosado liderazgo latino disperso en las susodichas instituciones y organizaciones de defensa de los inmigrantes, que han llegado a parecer perdidas en los vericuetos de la burocracia que les permite su supervivencia basada en subsidios federales y privados.

Esa nutrida y ansiosa comunidad requiere asirse a barandales históricos, tales como los logros de sus antecesores en la historia de las luchas de minorías en los Estados Unidos; requieren saber de los personajes que hicieron posibles esos logros —y creo que con este proyecto editorial arrojo luz en estos sentidos—, requieren asimismo tener el conocimiento de que cuentan con un referente de identidad en las entrañas estadunidenses, de que cuentan con cimientos culturales enraizados de toda la vida y, en suma, con necesidades compartidas con otras generaciones, aspectos con frecuencia ignorados.

Hoy pues es menester hacer un repaso del desarrollo de esos acontecimientos a partir de un acercamiento minucioso, repito, de la vida y acciones de este protagonista al que le tocó vivir el momento del gran cambio, el momento histórico en que tiene lugar, se desarrolla y prospera el llamado Movimiento Chicano. Un repaso en el que no sólo enfocamos los ángulos políticos sino también se señalan sus repercusiones culturales tanto en las bellas artes como en el interesantísimo aspecto lingüístico y bicultural.

Quiero insistir en que se trata de un proyecto inédito en lo que al aspecto biográfico de Gutiérrez se refiere, y en cuanto a la cobertura histórica del Movimiento Chicano también guarda la originalidad de que éste se ha difundido escasamente fuera de cubículos académicos, por lo que al abordarlo —en este momento que me parece oportuno para exponerlo mediante una visión un tanto panorámica— esperaría provocar una revisión más detenida. Si bien Gutiérrez ha escrito varios textos sobre su propia experiencia, nadie lo ha hecho desde otra perspectiva; en este trabajo expongo la biografía de José Ángel Gutiérrez desde su pasado inmediato, su infancia en su ciudad natal, su formación, hasta la actualidad, todo enmarcado en el contexto histórico-social de su vida.

El libro abarca, pues, lo arriba mencionado y con el propio relato biográfico de Gutiérrez se hace un repaso de los grandes acontecimientos de la época, se reseñan los sucesos históricos en el marco de sus pasos personales, sus actividades políticas y vitales, su formación, su temperamento, sus luchas interiores. Sus experiencias se explican —a la par de los acontecimientos— desde su entorno social. Enfoco el contexto histórico que lo nutrió, que lo educó y lo golpeó. Durante esos agitados años es cuando la realidad de la colectividad mexicoamericana —un periodo de asimilación cultural que se daba por inercia, luego de mucho cansancio, dolor y miedo— se revirtió en su beneficio y, en buena medida, eso ocurrió gracias a la labor de concientización y organización política a la que hombres como Gutiérrez se consagraron.

Es pues este un proyecto que busca educar y propiciar la comprensión del Movimiento Chicano y, al mismo tiempo, ante el desconocimiento de la vida y acciones de José Ángel Gutiérrez, ofrecer una merecida atención tanto al individuo como a la finalidad de su causa, es decir, el respeto, la justicia y el reconocimiento de la comunidad mexicoamericana en los Estados Unidos. Un tema que vuelve a estar en boga pues la importancia y la fuerza de la comunidad latina en los Estados Unidos —mexicana en su gran mayoría— ya no la ignora ni la detiene nada ni nadie.

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