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Aprendizajes del Supermartes (1)

Por: Juan Alberto SALINAS

Las elecciones en Estados Unidos están a todo vapor y en el próximo enero tendremos a un nuevo presidente en el país vecino. Esta publicación la quiero separar en dos partes: primero, el recuento electoral hasta el Supermartes y, segundo, el contenido y los peligros de la contienda.

Más allá de las predicciones y curiosidades del método indirecto para elegir a sus candidatos, este proceso, como todos, se reduce a dos diagnósticos: demografía y matemática. Las primarias son para explicar el porqué un candidato es el idóneo para defender la base del partido. En aras de ello, podemos observar dos etapas fundamentales en el calendario electoral: (1) supervivencia y, (2) viabilidad. Mientras que Iowa y New Hampshire son la joyas de la corona al crear la percepción de supervivencia, el Supermartes delimita y establece la tendencia sobre quiénes llegarán a sus respectivas convenciones. Sin embargo, esta no es una contienda común en todos los frentes. Faltan contiendas y en política nadie está muerto, hasta que está muerto. Vamos analizando cada partido.

Por un lado, para los demócratas es una contienda menos poblada y menos dañina. Los primeros dos Estados (Iowa, Caucus; N.H., primaria) cobraron la candidatura del gobernador O’Malley y quedó una contienda de dos, entre un candidato considerado de protesta, como Bernie Sanders y un candidato de la base demócrata, como Hillary Clinton. Desde la primera elección en Iowa observamos la demografía para cada candidato. Por un lado, Bernie Sanders es el perfil percibido como honesto, con credibilidad, que obtiene seis en diez votos cuando le preguntas a una persona quién verá por ellos y es un magneto en siete de cada diez independientes. En cambio, cuando preguntas a personas que buscan a alguien con experiencia para ser el Comandante en Jefe, nueve de cada diez (encuestas de salida en Iowa) prefiere a Hillary Clinton, particularmente de 45 años en adelante. Desde este momento, la demografía comenzaba a marcarse para cada uno de los candidatos. Dos elecciones más tarde, en Carolina del Sur, observamos un fenómeno más amplio: Hillary es una aplanadora en otras demografías: nueve de cada diez afroamericanos. ¡Tuvo mejores resultados que Obama en 2008! En su discurso de victoria se notó un cambio fino: incluyó un mensaje de empoderamiento a su narrativa de experiencia; ya habla del «nosotros», no solamente del «yo». Es decir, no dejó perder su mercado a manos de Bernie Sanders.

En el Supermartes, Hillary obtuvo siete de once contiendas, ganando notablemente las más importantes: Texas, Virginia y Massachusetts (el último más por lo emblemático que por los delegados). Sanders obtuvo una buena cantidad de delegados, pero comienza a reflejarse como un candidato de protesta al que se le agotan las probabilidades.

La Convención Nacional Demócrata se llevará a cabo del 21 al 24 de julio del 2016 en Filadelfia. Para obtener la nominación, se requiere el 50% de los 4,766; es decir, 2,383 delegados y superdelegados. Hasta el momento, Hillary Clinton cuenta con 1,058 delegados y superdelegados, mientras que Bernie Sanders cuenta con 431. La ventaja es amplia, más de dos a uno y Clinton cuenta con casi la mitad de los delegados necesarios para obtener la nominación.

Por otro lado, para los Republicanos el tablero es muy distinto. Vamos un paso atrás. Después de los resultados del 2012, el GOP tenía claro que no podía ganar con una demografía como la actual si no reformulaban sus posicionamientos para acercarse a nuevos electores. Por ejemplo, los latinos son el grupo con mayor crecimiento en los últimos años. Ante esta realidad, ¿qué se le dice al latino que nace y vota en Estados Unidos que van a deportar a su mamá por ser indocumentada? En otros casos: ¿Qué se le dice al joven que considera al cambio climático como algo científicamente probado y que amenaza al planeta? ¿Qué se le dice a la mujer entre 18 a 35 años que considera que el aborto debe ser legal en ciertas circunstancias? Si vieron las barbas de Mitt Romney cortar, es tiempo de que pongan las suyas a remojar.

El proceso electoral del 2016 arrancó con una enorme oportunidad para el GOP: un Estados Unidos que tiene una clase media estancada; 14 años de guerras; pérdida de empleo a mano de tecnología y comercio exterior, etcétera. Cuando un país vive de las ecuaciones macroeconómicas, se olvida que detrás de cada ventaja comparativa que se pierde, hay una familia sin pan en la mesa. Esta es la oportunidad que querían los republicanos para recuperar el liderazgo perdido. Sin embargo, están haciendo precisamente lo opuesto.

A finales del 2015 se inscribieron más de una docena de candidatos que fueron quedándose en el camino. Al día de hoy, podemos observar cuatro perfiles: Cruz, Kasich, Rubio y Trump. La demografía para cada uno iba clara desde Iowa: Ted Cruz, el candidato de «comparte mis valores»; Kasich, el que cae bien, pero sin base, ni coaliciones; Rubio, el candidato que puede ganar y representa al establishment y; Trump, el candidato outsider que dice la «verdad», que no lo compran con dinero, que traerá éxito y liderazgo a Estados Unidos.

Contra todo pronóstico, Trump comenzó con tres de las cuatro primeras contiendas, adquiriendo un momentum que lo coloca como el candidato a vencer. En los cálculos de los líderes del Partido Republicano, se pensó que para el Supermartes llegarían máximo tres candidatos, haciendo imposible el triunfo de Trump. Un error más: llegaron cinco y en un escenario dividido, el tercio mayor, tiene la mano.

Los ganadores del Supermartes fueron dos: Trump y Cruz. El empresario se llevó siete estados pequeños y medios de los once que estaban en juego; mientras que Cruz se llevó tres, notablemente Texas. A pesar de la diferencia de victorias, la matemática es en delegados: la diferencia actual es de 23 delegados entre los primeros dos lugares. El gran perdedor de la contienda fue Marco Rubio. A pesar de ser más pragmático y tener coalición con los líderes del partido, no ha podido consolidar su posición y hasta ahora es el mejor tercer lugar. En los próximos días seremos testigos de cómo se intensifica el debate para que declinen y consoliden una candidatura de unidad contra Trump; sin embargo, el ego es un mal negocio y Rubio llegará a Florida y Kasich a Ohio. Parece que este escenario sería demasiado tarde para la coalición.

La Convención Nacional Republicana se llevará a cabo en la tercera semana de julio y para obtener la nominación se requieren del 50% de los 2,473 delegados; es decir, 1237 delegados. La próxima semana analizaremos el contenido y los riesgos. Mientras tanto, usted, ¿qué piensa?

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