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Aldea Global: ¿Misión Cumplida?

Por Juan Alberto SALINAS

El pasado martes 15 de marzo el gobierno de Rusia anunció el retiro parcial de sus fuerzas armadas en Siria, afirmando que lograron los objetivos propuestos, que fue una misión cumplida. Sin embargo, a prácticamente cinco años de haber iniciado la guerra civil, el proceso político muestra avances incrementales, pero insuficientes para la compleja realidad que aqueja a los sirios.

Es un lugar común señalar que el conflicto en Siria ha llegado a proporciones catastróficas en sus cinco años de existencia: 80% de los sirios viven en condiciones de pobreza; el sistema educativo colapsó, teniendo a más de la mitad de niños sin futuro académico; el desempleo es de 58% y sus pérdidas económicas ascienden a más de 200 mil millones de dólares; el promedio de vida en 2010 era de 76 años, a finales de 2014 era de 56 años. Estos datos son pinceladas de la realidad, de personas con nombre y apellido que cada segundo pierden su futuro por la incapacidad de nuestro presente.

A mediados del año pasado, con el cansancio a cuestas por el lastimoso impasse que impide la solución política de la crisis, la posición de Bashar al-Assad comenzó a deteriorarse en el plano de negociación, sobre todo buscando su propia supervivencia política. Por tal motivo, el pasado mes de septiembre del 2015, el gobierno de Rusia anunció una campaña de asistencia militar al gobierno sirio para enfrentar las amenazas del «terrorismo» que buscan desestabilizar la región. A poco más de seis meses de haber realizado las primeras movilizaciones militares, Moscú anunció el pasado martes que comenzaría a retirar la participación militar y se retomaría el proceso político aprobado desde el pasado diciembre con la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSONU).

Ante esa realidad, es pertinente realizar un análisis sobre lo que implica y cómo afecta la medida adoptada por los rusos. En una primera instancia, debemos tomar en cuenta los matices del «misión cumplida». Para los rusos podemos encontrar algunas consideraciones en los planos internacional y doméstico. Desde la perspectiva internacional, su asistencia directa a Siria fue positiva por tres sencillas razones: (1) fortalece su posición geopolítica —europea como en Medio Oriente— a un costo relativamente bajo, tanto a nivel financiero, militar y político; (2) fortalece a Bashar al-Assad en el proceso de negociación, comparado con el 2015; y (3) con su retiro, arroja un claro mensaje a favor de un proceso de negociación. A nivel doméstico, la operación fue bien vista, con una corta duración que evita la fatiga y se administra un capital político importante con la narrativa de la guerra contra el terrorismo.

Desde el punto de vista de Siria, la retirada de los rusos es prematura, al tener retos importantes a nivel de control efectivo del territorio. Para el gobierno sirio, el objetivo de misión cumplida es recuperar el terreno perdido con la asistencia militar. Sin embargo, esto implica vulnerar las zonas controladas por los rebeldes y al Estado Islámico por igual. Al retirarse, Rusia les envía un claro mensaje: acudan a la mesa de negociación. Para la administración de Estados Unidos, «misión cumplida» es algo considerablemente diferente, puesto que el tablero tiene más componentes y riesgos. Para Washington y, en menor medida para algunos países europeos, el tablero incluye, entre otras cosas: (1) retomar el proceso político en Siria, (2) degradar al Estado Islámico como la principal amenaza terrorista del mundo, y (3) contener el flujo de refugiados que ingresan a Europa. De hecho, en los últimos días se ha discutido la afectación y cómo la crisis humanitaria ha sido un factor de fortalecimiento para Assad y Rusia: sin ellos, no hay solución sostenible. Además, para los estadounidenses el «misión cumplida» representa un amargo y paradójico recuerdo: el discurso que dio George W. Bush sobre la invasión a Irak.

En suma, bajo la perspectiva de Rusia, sí fue un éxito la operación ya que cumplió los objetivos planteados, por más limitados que parezcan. Para los estadounidenses, la demostración de influencia no ha cambiado la dinámica de la crisis y a pesar de no ser lo deseable, ha mostrado una apertura incremental para el proceso político.

Lo que nos lleva a la siguiente consideración: el cese al fuego. El acuerdo entró en vigor el pasado viernes por la noche con la perspectiva de que duraría 15 días; sin embargo, en los últimos días se ha señalado que podría incluso negociarse con una duración indefinida. A pesar de las posibilidades temporales, hay dos consideraciones que permanecen con carácter contencioso para lograr un acuerdo más sólido sobre el cese a las hostilidades: qué zonas quedarán fuera del territorio de cese al fuego y qué intensidad tendrían las operaciones militares de las partes. En este tenor, es importante considerar que las operaciones en contra de los «terroristas» permanece —el problema es que para los rusos, un rebelde que no apoye el proceso político podría caer en la misma categoría de un integrante del Estado Islámico.

El último punto a considerar es el proceso político. A finales de la semana pasada, Staffan de Mistura, enviado especial de Naciones Unidas para la crisis en Siria, anunció que el lunes comenzará una nueva ronda informal de diálogo en la cual la oposición aceptó participar. Esto sería prácticamente horas antes de que se cumpla el quinto aniversario de la guerra que ha costado más de 250 mil vidas y la mitad de su población desplazada. ¿Qué podemos esperar? Para los sirios hay una disyuntiva en la negociación: por un lado, lograr un gobierno de transición, dejando fuera a la administración de Assad y, por otro, un gobierno de unidad que abra las puertas a la oposición. Los detalles aún están por verse, pero se espera que tan pronto como el lunes se puedan tener fechas para retomar el tan anhelado proceso político.

Con lo anterior, ¿podemos hablar de Misión Cumplida? No, al menos está lejos de serlo para los sirios. Después de cinco años e innumerables lecciones históricas nos damos cuenta que la ruta para la paz es un camino sinuoso lleno de daños colaterales. La esperanza es que el hartazgo de ver niños en las playas convierta la indiferencia en acción y el silencio en diálogo.

@SalinasJA

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