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Aldea Global: Mexicanos en Egipto

Por Juan Alberto SALINAS


Para María Elena Cruz Muñoz. Te extrañaremos

Alrededor de las 19:00 del domingo antepasado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) emitió un comunicado que confirmó versiones publicadas en medios internacionales sobre un ataque de las fuerzas de seguridad de Egipto a un grupo de turistas, entre los que viajaban 14 mexicanos. Horas más tarde, los hechos se hicieron públicos y en el ataque fallecieron ocho personas y seis se encuentran en condiciones graves, pero estables, según la rueda de prensa al llegar al territorio mexicano, sostenida por Ruiz Massieu y Mercedes Juan, secretarias de relaciones exteriores y de salud, respectivamente.

Parece cinismo decir que estos sucesos son extraños para nuestro país, pero no es frecuente que observamos el deceso de un nacional en territorio extranjero por causas inducidas y máxime con la participación de fuerzas de seguridad extranjeras. Sin embargo, hay precedentes en los que hemos brindado protección diplomática a nacionales y, también es importante decirlo, reparado daños a extranjeros.

Ante la “rareza” del caso, quiero abordar la reparación a los mexicanos y sus familias. En los últimos días se ha hecho referencia y se ha sugerido que México debería ser más enérgico y adoptar medidas distintas, desde romper relaciones diplomáticas hasta incluso declarar la guerra a Egipto. Ambas cosas pudiera hacerlas, pero sería absurdo, por decir lo menos. El rol del Estado mexicano es complejo y demanda mesura. La participación está limitada a la asistencia diplomática y consular, actuando para esto debe actuar en etapas. En la primer etapa se intercambiaron tres notas diplomáticas en las que se solicitó: (1) una investigación exhaustiva enfocada en el derecho a la verdad; (2) reparación del daño; y (3) garantías para el Estado mexicano.

Este tipo de violaciones de derechos humanos son complejas porque al ser realizadas a individuos, la afectación es indirecta hasta que no se incumple una obligación internacional que cause un daño al Estado. Por ello, la actuación hasta el momento está enfocada en brindar la asistencia a los seis sobrevivientes y a las familias de los ocho fallecidos–también se les considera víctimas–para que, conforme a la legislación doméstica de Egipto, se investigue, responsabilice, y repare el daño. Asimismo, se le garantice al Estado que los hechos no sucederán en un futuro.

En algunos espacios más mesurados–que no sugieren el rompimiento de relaciones, ni la guerra–, algunos sugerían que el Estado mexicano podría actuar inmediatamente y demandar ante “algún” tribunal internacional. En esta etapa no es posible. Sin embargo, si el Estado egipcio no actúa respecto a los agraviados, entonces entraríamos en un supuesto de negación de justicia. En este momento ocurre la interdependencia del derecho humano y del Estado, parafraseando el exitoso argumento de México en el Caso Avena.

Para que actúe el Estado mexicano, es necesario sostener la existencia: (1) un Acto de Estado que ocasiona el incumplimiento de una obligación internacional; (2) el hecho internacionalmente ilícito es atribuible al Estado y sin excluyente de responsabilidad; y (3) sea reparable.

En el primer punto, Egipto tiene la obligación –convencional y de derecho internacional consuetudinario– de respetar la dignidad de los extranjeros y garantizar un estándar mínimo de trato respecto a los propios nacionales. Según la resolución 60/147 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, implica acorde a la práctica general de los Estados lo siguiente:

3. La obligación de respetar, asegurar que se respeten y aplicar las normas internacionales de derechos humanos […] comprende, entre otros, el deber de:

b) Investigar las violaciones de forma eficaz, rápida, completa e imparcial y, en su caso, adoptar medidas contra los presuntos responsables de conformidad con el derecho interno e internacional;

c) Dar a quienes afirman ser víctimas de una violación de sus derechos humanos o del derecho humanitario un acceso equitativo y efectivo a la justicia […]

d) Proporcionar a las víctimas recursos eficaces, incluso reparación, como se describe más adelante.

Por ello, el incumplimiento de la obligación queda manifiesto y sería demandable de forma ad hoc entre las partes o ante la Corte Internacional de Justicia. El supuesto parte de la idea que se niega la justicia, o bien, incluso, que someterse a la justicia en el plano interno sería inefectivo considerando que la posición de Egipto fue reconocer el hecho, pero por imprudencia de los turistas ocurre lo sucedido.

En el segundo punto, la atribución de los hechos. Según relatan medios internacionales, las fuerzas de seguridad egipcias –con armamento estadounidense– confunden al grupo de turistas con una célula afiliada al Estado Islámico. El acto fue realizado por un agente del Estado en ejercicio de las funciones–dejando fuera cualquier forma de excluyente por ultra vires. Sin embargo, el gobierno de Egipto señaló que los hechos se dan dentro de una zona restringida, con esto trata de argumentar una excluyente de responsabilidad similar a la presente en USS Chattanooga en 1906, referente al fuego accidental en un contexto de pérdida del control territorial, como el que hoy sufre Egipto en esa parte del territorio. Sin embargo, entonces se determinó que el daño generado es atribuible al Estado, aún así sea accidental.

La reparación del daño es una parte sumamente compleja. La práctica general de los Estados reconoce tres formas de reparación: (1) restitución, (2) compensación, (3) satisfacción. Los efectos de la primera es de retrotraer las cosas al estado que se encontraban antes de los hechos. Para la afectación, resulta imposible realizar este tipo de reparación. La compensación es monetaria y debe ser “proporcional a la gravedad de las violaciones y al daño sufrido” (CIJ, Corfu Channel Case, 1949). La satisfacción está generalmente presente de forma complementaria o autónoma respecto a las otras. Implica una forma de reparación que puede incluir: disculpa, garantías para evitar hechos similares, derecho a la verdad, sanciones a los responsables, entre otras medidas similares. Por su naturaleza, las formas de reparar no necesariamente son excluyentes y pueden operar de forma conjunta o integral. Para los mexicanos, seguramente operaría la compensación y la satisfacción para aspirar a una reparación integral.

Con base a estos hechos, la estrategia del Estado mexicano está en apego a la práctica diplomática para obtener: (1) garantía el cese de los actos y la no repetición y, (2) la reparación integral de los daños. De no suceder y revisando los supuestos de negación de justicia al caso particular, daría pie a acceder a una instancia internacional para asistir diplomáticamente a los mexicanos. Es necesario esperar, aunque cuando un pierde nacionales y peor, amigos, la paciencia es un artículo de lujo.

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