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Aldea Global: Intensificación en Ucrania

Por Juan ALBERTO SALINAS

A pesar del acuerdo de Minsk que busca un cese al fuego desde el pasado mes de septiembre, el conflicto entre los separatistas y el gobierno en Ucrania continúa escalando. Las principales potencias occidentales buscan un nuevo acuerdo —o reforzar el vigente— que sea avalado por todas las partes en el conflicto, tanto domésticas como regionales para terminar el conflicto.

El conflicto en el Este de Ucrania es una amenaza a la paz y seguridad en la región. Desde abril del año pasado, más de cinco mil personas han sido víctimas del conflicto y poco más de 900 mil desplazados, principalmente de las regiones de Luhansk y Donetsk. En los 11 meses de conflicto los separatistas han logrado controlar más de 300 kilómetros cuadrados de territorio, situación que ha ocasionado la intensificación del conflicto.

Es importante hacer una breve referencia a los hechos que gestaron la escala del conflicto. Primero, el vacío de poder que generó la destitución del expresidente Viktor Yanukovich por decisión del Parlamento después de los lamentables enfrentamientos entre la fuerza pública y el movimiento de la sociedad civil. El resultado fue la constitución de un gobierno de transición que llamó a las elecciones y llevaron a la victoria al actual presente de Ucrania, Petro Poroshenko, con una participación de poco más de 36 millones de personas. El proceso fue revisado por más de mil 200 observadores internacionales que constataron la legitimidad de los resultados. El actual presidente, con una percepción de ser un actor pragmático y capaz, ha buscado una mayor autonomía en las regiones controladas por los separatistas, pero no una violación a su integridad territorial.

Segundo, semanas después se dio la anexión de Crimea, territorio afín y con importante presencia militar de Rusia. El proceso de anexión ocurre con dos acciones. Inicialmente con el despliegue de fuerzas militares rusas en la isla, para disuadir y repeler el control del ejército ucraniano. Después, para justificar la movilización militar, los rusos impulsaron un referéndum a mediados de marzo, el cual avala por un amplia mayoría que Crimea se considere independiente de Ucrania y busque su anexión a la Federación Rusa.

El ejercicio aislado del referéndum pudiera ser considerado un ejercicio de libre determinación; sin embargo, se llevó a cabo bajo presión militar rusa y sin observadores internacionales que certificaran la transparencia del proceso —pensando que quisieran hacer un proceso internacionalmente legítimo— que además es contrario al procedimiento que la misma Constitución de Ucrania establece sobre la disolución de la unión. Rusia recibe la independencia con agrado y firma acuerdos sobre su anexión y protección militar. Esto implica que las fuerzas militares desplegadas van a proteger el territorio de Crimea contra el “golpe de Estado” impulsado por los aliados occidentales.

Tercero, la mayor intensificación del conflicto la podemos observar a partir del derribo del avión MH17. A pesar que la investigación no atribuye de forma concluyente la participación de fuerzas rusas o proxies, es evidente el interés que tiene en el fortalecimiento de un movimiento afín en esas regiones en el este de Ucrania —lo podemos observar con el constante flujo de armas y convoyes al territorio ucraniano.

Cuarto, el acuerdo de Minsk buscó un cese al fuego el pasado mes de septiembre. Sin embargo, no se ha cumplido. Los rusos promovieron que los rebeldes separatistas mantuvieran el control en Donetsk y Luhansk, mientras que el gobierno de Ucrania ofreció una mayor autonomía y descentralización del poder, mas no una escisión territorial. Las potencias occidentales que apoyan el posicionamiento del gobierno de Ucrania buscaron defender la integridad territorial.

En este momento es evidente que los acuerdos para un cese al fuego no son eficaces. De hecho, los rebeldes estuvieron cerca —y puede ser que lo logren— de controlar Debaltseve, una población con una ubicación sumamente valiosa por su conectividad ferroviaria con Donetsk y Luhansk. A raíz de esto, el pasado viernes se dio un suceso inesperado: los combatientes, tanto del gobierno como de los separatistas, dieron un cese al fuego para evacuar a aproximadamente tres mil personas que se encontraban en medio del conflicto. Esto se dio en el contexto de una reunión que sostuvieron el jueves entre el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko; la canciller alemana, Angela Merkel; y el presidente francés, Francois Hollande, para buscar un nuevo acuerdo que logre poner fin al conflicto. Al día siguiente, Merkel y Holland se reunieron con Putin, buscando conciliar y lograr un cese al fuego definitivo.

En independencia del esfuerzo diplomático con el Kremlin, la Unión Europea anunció la posibilidad de expandir la serie de sanciones en contra de Rusia por el apoyo proporcionado a los separatistas. El garrote y la zanahoria.

Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, también manifestó el apoyo al gobierno de Ucrania para que mantenga su integridad territorial denominando las operaciones de Rusia como «agresiones» que es un término que viola uno de los principios más importantes del derecho internacional: la prohibición al uso de la fuerza. El nominado para ser secretario de la Defensa norteamericano, en su comparecencia de confirmación afirmó considerar proveer al gobierno ucraniano con asistencia letal; es decir, armas pesadas para defensa, además de la asistencia no letal que provee hasta este momento (chalecos antibalas, kits de primeros auxilios, etcétera). El criterio de agresión tomaría una importante connotación a la luz de una eventual adhesión de Ucrania a la OTAN, que pudiera tener una mayor participación si no se logra un avance por la vía diplomática.

Aunque el esfuerzo diplomático debe prevalecer, difícilmente se logrará un acuerdo que dé gusto a las dos partes, a decir: (1) mantenga la integridad territorial de Ucrania (incluyendo Crimea) y (2) la descentralización que reconozca a gobiernos con representación de los grupos separatistas y, por consecuencia, el incremento en la influencia rusa en las dos regiones. Sin embargo, Ucrania es una ficha que debe verse en un tablero de conflictos globales, incluyendo a Siria e Irán, principalmente, por lo que no pueden resolverse sin la cooperación rusa.

Al final del día, lo difícil es que para tener un escenario global de ganar-ganar, Ucrania va a perder.

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