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Aldea Global: El Gran Reto de Trump

Por Juan Alberto SALINAS

Nunca pensé escribirlo, pero es un hecho: Donald Trump es el «probable candidato» del Partido Republicano. En términos reales, únicamente espera llegar a Cleveland para dar su discurso de victoria. Sin embargo, de aquí a ese momento, el reto se llama unidad del Partido Republicano.

Después de la elección en Indiana, se terminó el sueño de una contienda abierta en la convención de Cleveland. A las pocas horas de conocer la victoria de Trump, la campaña de Ted Cruz hizo público que suspenderían su campaña. Nadie lo creyó hasta que escuchamos de viva voz, acompañado de su familia y de la candidata a vicepresidente por siete días, Carly Fiorina. Al salir Cruz, la contienda se había terminado. A pesar que John Kasich no suspendió su campaña inmediatamente, era un candidato que consumía oxígeno y no tenía posibilidades más que subir al tercer lugar que ocupa Marco Rubio, quien dejó la contienda hace semanas. Como era de esperarse, suspendió su campaña al día siguiente de Indiana, liberando el camino para Donald Trump. La contienda sigue en cada una de sus fechas, pero sin oposición al interior. La campaña de la elección general ya comenzó.

Al poder alcanzar el número mágico de delegados, el reto inmediato para la campaña de Trump está en lograr cohesión al interior del partido que lo nomina. Desde hace algunas semanas discutíamos qué tan probable sería, considerando la dinámica de la primaria. Para ello, es necesario hacernos algunas preguntas: ¿es posible la unidad, independientemente de Trump? Si es posible, ¿está al alcance de Trump? Por último, ¿cómo lo haría?

Uno de los errores más frecuentes cuando se analiza al partido republicano —y prácticamente cualquier partido— es creer que opera de forma monolítica. La realidad es que son muchos los grupos dentro del partido republicano: a favor y en contra de los tratados comerciales, a favor y en contra de la agenda socialmente conservadora, a favor y en contra de la inmigración, a favor y en contra de las instituciones del gobierno —IRS, planned parenthood, etc.—. Quizá algunos partidos o líderes permiten pensar que el encuentro es posible; sin embargo, el Partido Republicano tiene el sello de formar a sus electores registrados con una estricta disciplina ideológica. Esto, en una lógica distrital es positivo; en una lógica de campaña presidencial, no tanto porque dificulta lograr acuerdos internos.

Por lo anterior, considero que la unidad en términos de inclusión es poco probable con cualquier republicano hoy en día. Pensemos, por ejemplo, que Jeb Bush hubiera obtenido la nominación. En ese escenario, Ted Cruz hubiera afirmado que perderían la elección porque su base no ha tenido un candidato en las últimas elecciones y nominan a falsos conservadores. En la otra parte de la moneda, Ted Cruz y su «enorme» cantidad de evangélicos no tuvo un solo apoyo de compañeros senadores. De hecho, el expresidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, le llamó la «encarnación de lucifer» el día de la elección de Indiana. La fractura ex ante del partido Republicano es tan marcada que las esperanzas de lograr la unidad deben de ser ajustadas. Los perfiles como Ronald Reagan que lograron una amplia coalición son escasos en la actualidad.

En cuanto a la segunda pregunta creo que si con cualquier otro de los contendientes hubiera sido un enorme reto, con Donald es un barco que parece haber zarpado. Su candidatura representa la renuncia del diálogo como eje de encuentro con los adversarios.

En este momento pocas ideas representan más a Donald Trump que el muro con México (sí, ese que supuestamente vamos a pagar). La idea hace resonancia por la consistencia del que propone: barreras en lugar de puentes, gritos en lugar de diálogo. La cerrazón es el lugar de encuentro para sus seguidores, pero es de suyo un espacio que no admite adversarios.

EL RETO DE TRUMP: GANARSE LA BASE DE SU PARTIDO

Hoy Trump tiene un enorme reto en un contexto sumamente complejo: corre el riesgo de ser el candidato republicano sin la base de su partido. Hasta el momento solamente dos de los 16 adversarios que iniciaron en la contienda, lo apoyan. Fuera de ellos, son apoyos poco emblemáticos y la ausencia de referentes es notable. Entre los que destacan por negar el apoyo se encuentran: los dos últimos presidentes de los Estados Unidos emanados del GOP, George H. W. Bush (41) y George W. Bush (43); los dos últimos candidatos presidenciales de su partido, John McCain y Mitt Romney; el actual Presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. De hecho, el último fue particularmente polémico porque anunció en una interesante entrevista con Jake Tapper que no estaba preparado para apoyar a Trump. Al concluir la entrevista, según señalan en medios de comunicación, Donald Trump le llamó al presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Preibus, para que hablara con Ryan y mediara la disputa. Hoy, Ryan es el representante electo con el cargo más importante del Partido Republicano y tiene como objetivo mantener sus mayorías en el Senado y en la Cámara de Representantes.

A diferencia de los republicanos, Hillary Clinton tendrá una alineación de primera haciendo campaña: Barack Obama y su esposa; el vicepresidente Joe Biden; expresidentes como Jimmy Carter (seguramente se le verá en algún evento) y Bill Clinton; los líderes del Senado y la Cámara de Representantes; Elizabeth Warren que ya le declaró la guerra a Donald en redes sociales y, por último, se espera que Bernie Sanders y su esposa se incorporen en la campaña. De hecho, la esposa de Sanders dio una buena señal en una entrevista para CNN en que acusó a Trump de ser un sujeto que le intimidan las mujeres capaces.

Por último, si bien se antoja difícil que logre la unidad sustantiva, sí puede atraer votos de republicanos que coinciden con su agenda base: migración, comercio y exclusión social. Para obtener un nuevo sector, puede elegir un candidato a vicepresidente que le permita acercarse a sectores adversos. Esta labor está a cargo de Ben Carson, quien debe encontrar un perfil notable de aquí a la convención. El problema en el cálculo: quien lo haga, sufrirá las consecuencias del día después de la derrota. Será el lobo fuera de la manada. La unidad del GOP será la prioridad de Trump en las próximas semanas. No es un reto imposible de resolver, pero se antoja difícil con la historia de esta primaria. Por ello, el espacio de vicepresidente es una oportunidad extraordinaria para que lo logre. Mientras tanto, Trump es candidato con, sin y a pesar del GOP.

jasalinasm@gmail.com

@salinasja

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