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Aldea Global: Con “T” de Torpe

Por Juan Alberto SALINAS

Trump se escribe con T, de Torpe. En los últimos días, su candidatura ha transitado del chiste a lo ofensivo, pero sobre todo, a lo real. No es la primera democracia en la que contiende un xenófobo, pero las proporciones de sus aspiraciones comienzan a movilizar a los sectores de la población en un sentido adverso para el partido que lo tiene en su primaria y para la relación bilateral con nuestro país.

Donald Trump es el empresario carismático que obtuvo popularidad con su programa de televisión The Apprentice, en el que recluta perfiles para posiciones clave para su emporio hotelero o inmobiliario. Su «valor neto» de casi 10 mil millones de dólares.

Sin embargo, ¿quién es Trump? En la maravillosa columna de León Krauze publicada por El Universal en sus páginas de opinión el pasado 24 de agosto del 2015, se hace un recuento del nativismo en la política norteamericana, encontrando siempre como constante el de derecho de antigüedad. Es decir, el recién inmigrado debe ser expulsado por irrumpir con el status quo, pero mis abuelos que llegaron de otras partes del mundo hace dos generaciones, deben ser aceptados. Así, nos relata León que el abuelo de Trump llegó a mediados del siglo XIX con una mano por delante y otra por detrás. En 1905, nace Frederick C. Trump, padre de Donald, quien comenzó con el negocio inmobiliario en Brooklyn. A su muerte, en 1999, se estimaba que la fortuna que heredaría sería cercana a los 300 millones de dólares. Hoy, Donald, precandidato Republicano a la máxima silla en la política estadounidense, es el nieto heredero de un inmigrante alemán que llegó en búsqueda, como la gran mayoría, de un mejor futuro que no encuentran en su lugar de origen.

En las últimas semanas, Trump presentó su plan de inmigración y desde entonces ha sido el centro del debate para el GOP. El canal televisivo Fox News denominó la propuesta como un «regalo de navidad» para los grupos proinmigración. ¿Por qué? Veamos los puntos que destacan en las seis páginas del plan.

Primero, la frontera del siglo XIX para el siglo XXI. En la presentación del programa señaló que él buscaría construir un muro en los más de tres mil kilómetros de frontera que tiene Estados Unidos y que México pagaría por ello. Mark my words, dijo en su discurso. Si México no paga su muro, tomaría las siguientes medidas: (1) restringir las remesas a México; (2) incrementar el costo de las visas; (3) cancelar visas a diplomáticos y empresarios de ser necesario; (4) incrementar el costo de las visas de trabajo estipuladas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; y (5) aumentar las tarifas en la relación bilateral.

En el 2014, el Senado aprobó una iniciática bipartidista que, entre otras cosas, fortalecería el número de oficiales en la frontera. Sin embargo, la iniciativa se congeló en la Cámara de Representantes. El problema entonces, y lo sigue siendo el día de hoy, es que no existe evidencia sólida que confirme una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos por la «fragilidad» de la frontera sur. Por ejemplo, una inconsistencia: la actual administración en EE.UU. gastó 18 mil millones de dólares en seguridad fronteriza (aumentará en los próximos tres años por 4,500 millones de dólares adicionales), mientras la inversión a la Iniciativa Mérida fue de 1,900 millones de dólares en los años fiscales 2008-2012. Las fronteras del siglo XXI integran, no dividen; son dinámicas, no estáticas.

Segundo, la relación comercial. Para el señor Trump, México se lleva todos los beneficios derivados del TLCAN. Nuestra relación bilateral tiene un comercio de 1,400 millones de dólares diarios.

Para 26 entidades de Estados Unidos, México es su principal aliado comercial y existen 6 millones de empleos directamente vinculados con la relación comercial con México. En lugar de replantear la relación comercial como región, busca aislarse en detrimento incluso de los intereses a mediano plazo para Estados Unidos vis-à-vis China.

Tercero, aumentar el número de policía migratoria y aduanera para deportar a los aproximadamente 11 millones de indocumentados.

Para lograrlo, además, implementaría un programa de verificación para los patrones que contraten indocumentados. También, buscaría una nueva enmienda constitucional para derogar la décimo cuarta que otorga la nacionalidad por nacimiento en el suelo estadounidense.

Al leer estos puntos, uno fácilmente puede pensar que el señor Trump es inmune a los datos duros: (a) según Arturo Sarukhan, exembajador de México en Estados Unidos, el costo de deportar estaría cercano a los 130 mil millones de dólares; (b) la migración neta de mexicanos a Estados Unidos es cero neto desde tres años, lo que significa que se regresan más mexicanos a su territorio de los que se van; (c) actualmente hay más nacionales de China e India que mexicanos; y (d) el 40% de los indocumentados extienden de forma irregular su visa, no de la frontera.

Para Trump, meterse a este tema lo pone en conflicto a él y al GOP con un bloque fundamental para el 2016. De hecho, según el muestreo de Gallup, Trump tiene una aprobación neta de -51% (14% positivos y 65%, negativos). Observen en sus videos cuántos negros, hispanos o asiáticos están en sus eventos. Los entrevistadores latinos son expulsados de sus ruedas de prensa.

Puede uno pensar que el bloque hispano vota mayoritariamente demócrata; sin embargo, las últimas elecciones presidenciales que ganaron los republicanos fueron en 2000 y 2004, con un voto hispano de cuatro de cada diez; la cifra en el 2012 fue tres de cada diez y la tendencia es a la baja. En río revuelto, ganancia de pescadores: Jeb Bush, otro precandidato, por contrastar se subió al tema de forma lamentable con dos puntos: (1) con el concepto «bebés ancla» para atacar el derecho constitucional de obtener la nacionalidad por suelo, y (2) son más los asiáticos que los hispanos. Sí, así de hábil: rescatas un hispano y pierdes —al menos— otro asiático.

No podemos perder de vista que el atractivo de Trump está en renunciar parcialmente a lo políticamente correcto. Es un tipo que se percibe como honesto, que dice lo que piensa, ganador.

Pero la T, es de Torpe: es tipo que confunde la verdad con la misoginia, con ser xenófobo, con ser racista. Hoy, él deportaría a su abuelo. Es un empresario exitoso, pero en el terreno político su ambición personal está polarizando y movilizando la opinión pública a terrenos pantanosos: ¿cómo replantear la relación bilateral con esta aprobación momentánea a Trump? ¿Cómo controlar el daño que hará de hoy al final de las primarias republicanas? Estas son dos grandes preguntas que demandan seguimiento puntual y será, sin lugar a dudas, un punto relevante para nuestro próximo embajador en Estados Unidos.

jasalinasm@gmail.com

@salinasja

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